viernes, 19 de mayo de 2017

IGUALICO IGUALICO...

Castillo de Tudela, 18 de mayo de 1235

-¡Teobaldo: que dicen que sin sello y sin señal completamente nuevos, no pueden coronaros rey de Navarra!

-¿Eh? ¿Y cómo es eso, Felipe? ¿No soy acaso el legítimo sucesor del rey Sancho por ser el hijo de su hermana Blanca?

-Bueno, recordad que en realidad vuestro tío había donado el reino al rey don Jaime de Aragón, y que hay muchos que le siguen viendo con mejores ojos que a vos...

-Poca o mucha, sólo por mis venas corre la sangre de mi abuelo Sancho el Sabio. Aunque sólo fuera por eso, ya deberían rendirme pleitesía sin exigencia alguna.

-Ya tendréis tiempo de conocer a vuestros nuevos súbditos, Sire. Pero por ahora os bastará con saber que mucho más que a aquellos bizantinos del Oriente lejano, les gusta a los navarros perder el tiempo en pejigueras que no llevan a parte alguna, más que a una rotunda perdida de tiempo. Es más, seguro estoy que habrá matemáticos en el futuro que han de estudiar el comportamiento de las gentes de esta tierra para establecer el mecanismo que rige las progresiones geométricas, porque tened en cuenta que si se juntan dos navarros, habrá siempre tres opiniones; si se juntan tres, defenderán cuatro posturas, y así sucesivamente hasta que muy probablemente acaben a palos o a espadazos.

-¿Y qué ocurre cuándo sólo hay un navarro?

-Pues que ya buscará la manera él solo de complicarse la vida a sí mismo, y también a los demás en cuanto le dejen. Es esta una ley inmutable.

-¿No sería mejor entonces habernos quedado en Champaña, mi buen Felipe?

-¡Eso se piensa antes, Teobaldo! Si os marcháis ahora, dirán en toda la Cristiandad que el conde de Champaña es un falso...

-¿Un qué?

-Un faux, un sans parole, un fainéant... Perdonadme, pero es que se me están pegando ya las sandeces de todos estos revoltosos.

-En fin, volviendo al asunto del sello y la señal: salid y dadles mi sello de conde de Champaña para que se aplaquen. Mirad que guapo y caballero que salgo en él... Y con el lema que mi propia madre escribió para mí: Passeavant le meilleur! ¡Adelante el mejor! Con eso seguro que tendrán más que bastante...

-Dicen que ni hablar, que lo quieren totalmente nuevo.

-¿Eh? ¿Y si los hago ahorcar a todos para que se acaben las exigencias y las discusiones?

-Sabia medida, sin duda, si fueseis vos un sátrapa asiático de esos de los que hablan los libros de los antiguos romanos. Pero como sois un rey moderno y preparado, será más adecuado que les deis lo que piden. Podéis por ejemplo recuperar el águila de vuestro tío don Sancho...

-¿Cómo? ¿Ese pájaro de mal agüero? ¡Ni hablar! ¿Habéis olvidado lo mal que me trató cuando vine yo a verle a Tudela? Casi me echa los perros para que me fuese. No quiero saber nada más de él ni de todo ese montón de cadenas que se trajo del sur. ¿Habráse visto necio semejante, que pudiendo elegir todo el botín del rey de los moros, sólo se trajo unas cadenas oxidadas? En Castilla y en Aragón todavía deben de estar partiéndose de la risa. Os juro que mi primer edicto como soberano ha de ser repartir todos esos eslabones por las cuatro esquinas del reino. ¡No quiero verlos más!

-Pues vos veréis que hacéis, pero sin sello nuevo, no os reconocen como rey.

-¿Y si les presento este hermoso dragón que sirve de cimera a mi yelmo? Siempre me han gustado los dragones, ya lo sabéis de sobra...

-El caso es que esto no es Gales, Teobaldo, y aquí los dragones no gozan de demasiado predicamento. Dicen que hubo alguno en Aralar, que es una montaña  muy alta de este reino, pero como hace tiempo que no da señales de vida, la gente lo ha olvidado. No. Tiene que ser otra cosa, y tenéis que pensarlo rápidamente, porque si cuando salgamos de esta estancia no tenemos modelo nuevo  que mostrarles, ya podéis ir despidiéndoos de la corona...

-Pues no sé... ¿Qué tal dos espadas cruzadas?

-Un poco hortera, ¿no os parece? Parecería vuestro sello el emblema de uno de esos grupos de juglares melenudos que gritan más que cantan por esos caminos de Dios...

-¿Y un caliz dorado y con mucha pedrería?

-¿Para que os llamen el rey de copas? Pensaba que un poeta tendría más imaginación, mi señor Teobaldo...

-Y la tengo, la tengo: ¡para hacerlos ahorcar a todos y acabar con este tormento!

-Ya os he dicho que eso resulta, al menos de momento, completamente desaconsejable. Veamos que hay en esta sala que pueda servirnos de inspiración: Botellas de vino, un jabalí recién asado... No, demasiado rústico y vulgar. ¿Qué tal un libro de vuestros versos?

-¿Un libro  como emblema de un país? Rompedora propuesta, y también halagadora, pero pensad por un momento como lo hacen los navarros. Dirían unos: ¿Y qué libro será ese? Ah, sí: será la Biblia. Pero otros dirán: prudente rey, que ha escogido el Fuero General como símbolo. Y los que defienden la Biblia dirán que eso es imposible, que las leyes de Dios van delante de las de los hombres. Y los que defienden el Fuero dirán que ya va siendo hora de acabar con el oscurantismo. Y ya estará liada otra vez. No... Tiene que ser algo más complicado de interpretar, que los deje dubitativos y sin ganas de mostrar su ignorancia. Veamos... ¡Lo  tengo! ¿Qué os parece esto, Felipe?

Este alquerque de doce no se halla en Navarra, pero sí que pueden
verse aún dos de nueve en el pórtico de San Esteban de Eusa
-¿Cómo: un alquerque de doce? Pero entonces dirán que sois un "tahur del Olaz txipi", que es donde vuestro tío tenía un hermoso palacio...

-¿Qué van a decir, si ellos no sabrán qué es esto, y nosotros tampoco se lo vamos a explicar? Inventaremos cualquier milonga: que es un nudo celta, o que lo talló Túbal cuando anduvo por estos pagos, por ejemplo, que es lo que dicen siempre los cronistas cuando no saben qué más inventar.

-La verdad es que el diseño no es feo, porque parece también la bloca de un escudo. Eso calmará a los nobles, siempre tan fatuos. Y además es muy sencillo de dibujar: un cuadrado con dos cruces cruzadas en su interior. Quizás un poco soso...

-¿Y si le ponemos unos morabetines de oro en cada cruce? Creo que mi tío tiene ánforas llenas de ellos en los sótanos de este castillo.

-¡Eso es! Y en el medio una joya, para darle más empaque.

-¿Qué os parece esta esmeralda, que llevo siempre conmigo para no olvidar el color de los ojos de mi amada?

-Vale, pero a ellos les diremos que es la esmeralda que llevaba en su turbante Miramamolín el Verde el día de aquella batalla famosa  de vuestro tío.

-Tampoco os falta imaginación a vos, Felipe...

-Mejor, porque combinar la de ambos es la que nos hará falta para salir con bien de este enredo. Esperad que haga un bosquejo rápido en este pergamino, y acompañadme afuera, que si Dios quiere, acabáis de crear las armas de este reino. Que sea para bien.

-¡Oid bien todos! ¡Aquesta es la voluntad del rey Teobaldo I, legítimo señor mío y vuestro!

-¡Nuestro no lo es aún, hasta que no jure el Fuero!

-¿Pero cómo va a jurar el Fuero ese que decís, si todavía no ha sido compilado?

-¡Ese no es asunto nuestro! Compiladlo vosotros, y ya veremos luego si le damos nuestra aprobación.

-¡Pues yo creo que un reino sin leyes es mucho más divertido! Si los caballeros no podemos hacer ya lo que nos dé la gana, llegará el aburrimiento y el hastío. Digo más: ¡Viva el mal, y viva el Capital!

-Disculpad al señor de Avería, Sire. Sin duda todos estaremos de acuerdo en castigar su atrevimiento como merece.

-¡Todos no! Primero habrá de juntarse una comisión que estudie su caso. Podrá apelar luego al Consejo Real, y finalmente, será don Teobaldo quien dicte sentencia.

-¡Será don Teobaldo quien la dicte, si previamente ha jurado el Fuero, claro está! Si no, nosotros no acataremos su sentencia.

¡¡¡¡Basta!!! Si no os calláis todos de una vez, sabréis de veras quién soy yo: vuestro rey, Teobaldo I de Champaña. el hijo de la condesa Blanca, el nieto de Sancho el Sabio, y aquél que tiene unas ganas cada vez más grandes de ahorcaros a todos. Me habéis exigido un sello nuevo, despreciando el mío propio, donde por cierto aparezco tan galano, y aquí lo tenéis. ¿Qué os parece?

-¿Y qué representa? Parece una bloca de escudo.

-Decís bien, lo parece. Lo  cual no quiere decir que lo sea...

-¿Son acaso unos trozos de las cadenas que trajo vuestro tío?

-Muy bien pudieran serlo, efectivamente...

-¿Y por qué esas monedas y esa esmeralda?

-No faltarán nunca sabios que os lo expliquen...

-¿Pero qué diremos que es cuando no los pregunten desde otras cortes?

-Decid simplemente que esta es la voluntad de vuestro rey Teobaldo.

-¡Pues a mí me parecen las cadenas!

-¡Pues a mí una bloca!

-¡Pues a mí un alquerque de doce!

-¿Eh? Sin duda mi edecán Felipe de Nanteuil ha debido beber más de la cuenta de ese vinillo de Peralta que hay en las bodegas. ¿Cómo puede pensar que un rey vaya a elegir un juego para representarle a él y a su país?

-¿Estáis diciendo, don Teobaldo, que es por eso que el fondo del escudo es rojo? ¿Por el vino de Peralta? Buena elección, pardiez...

-Pues no lo había pensado, la verdad...

-¡Pues  entonces nosotros exigimos que sea el fondo verde, como las alcachofas de Tudela!

-¡Y nosotros que sea el fondo blanco, como los espárragos de Puente la Reina!

-¿Pero a qué condenada tierra me he venido yo a reinar? ¿Es que habréis de discutir siempre por todo?

-¡Mientras no juréis el Fuero, por supuesto que sí!

-¡Y cuando lo hayáis jurado también! Ahora mismo vamos a organizar una nutrida manifestación que discurrirá entre la plaza de San Jaime y la puerta del Juicio para defender el fondo alcachófico y verde de vuestra bandera.

-¡Pues nosotros convocamos otra en este instante para ensalzar  el color blanco esparraguino!

-¿Sabéis por dónde podéis meteros esos espárragos?

-¿Por el mismo sitio que vuestras alcachofas, quizás?

-¡A mí, los del color verde!

-¡A mí los del color blanco!

-¡Hala, ya está liada otra vez! ¿Qué hacemos, Sire, los encerramos a todos en las mazmorras?

-¿Encerrarlos dices, Felipe? ¡Ni pensarlo! Déjales que se den todo lo que quieran, y vámonos tú y yo a compilar ese Fuero de una vez, antes de que me arrepienta y salga a uña de caballo hacia Champaña para no regresar nunca más a esta tierra de locos.

-Bien dicho, mi señor Teobaldo, que estoy seguro que con tantas y tan pulidas leyes prosperará mucho este reino, y no tendrán ya sentido más discusiones por banderas ni otras melonadas similares.

-Ya me gustaría a mí poder mirar por un agujero lo que pasa aquí dentro de, por ejemplo, 782 años justos,mi buen Felipe. Seguro que siguen igual.

-Me permito recordaros que entonces el vinillo de Peralta también seguirá igual de bueno...

-¡Schhhhh! ¡Que no os oigan, que vuelven a empezar...!


© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

LOS DRAGONES DE TIEBAS VUELVEN A VOLAR

El próximo sábado, 20 de mayo, ocho hermosos dragones provenientes de Champaña volverán a ver la luz en el Museo de Navarra, donde formarán parte de la colección permanente con todo honor y merecimiento, pues fueron encargados por el rey Teobaldo II para que decorasen el suelo de la sala principal del palacio que había decidido construir ex novo en el centro de su reino, harto de tener que mendigar al obispo alojamiento en la capital, dividida siempre por las rencillas de los tres burgos. Un lugar al que para que no cupiesen dudas, dio además su propio nombre, la denominación por antonomasia de los príncipes más famosos de su dinastía: Thiebault – Thiebes – Teobaldo - Tiebas – la "ciudad" de los Teobaldos.  

Ahora, al fin, de las ilustres ruinas de lo que debió ser uno de los palacios más hermosos de la Cristiandad, levantado a imagen y semejanza de los del Louvre en París, y que fue quemado y arrasado al menos en las guerras de 1378, 1521 y 1833, emergen milagrosamente estas cuatro parejas de criaturas aladas, nacidas con toda probabilidad hacia 1260 en Reims, de donde llegarían a Navarra, si no volando, sí en carreta muy bien preparada para que no sufrieran daño ni menoscabo alguno en tan largo viaje.

Dejaron allí muchos primos y parientes, algunos de los cuales todavía se conservan, lo que nos permite afirmar que aquellos son mucho más feos que los nuestros, y que Teobaldo II tuvo muy buen ojo al elegir maestro ceramista.

Fueron redescubiertos por el Gabinete de Arqueología e Historia Navark, con su director Mikel Ramos Aguirre al frente, en la campaña del año 2009 (ver el informe de excavación en este enlace), y desde entonces han permanecido custodiados en el almacén arqueológico del Gobierno de Navarra, de donde, como digo, saldrán a surcar de nuevo los cielos navarros la próxima semana.

Desde que tengo yo recuerdo, siendo muy niño, me han gustado los dragones, así que muchas veces han salido ya en mis crónicas, sobre todo estos con perilla que forman círculo en Tiebas, que parecen todos iguales pero que son distintos, pues cada pareja tiene distinta expresión y tamaño.

Y precisamente buscando explicación a este fenómeno, creo haber dado con el origen literario de forma tan curiosa de representar a estas ocho amables y hermosas bestias, que a partir de ahora vuelven a formar parte de nuestro patrimonio histórico-artístico. Gracias eternas le sean dadas al rey Teobaldo II por ello.

A ver qué os parece mi teoría… 



“Deberíamos recordar
la BATALLA DE LOS DOS DRAGONES
de la que nos habla el Libro de los Bretones;
Porque si ellos hicieron pedazos el castillo,
ahora es nuestra época la que va a derrumbarse,
si Dios no pone fin al conflicto.
Habrá que recurrir a la sabiduría del mago Merlín
para poder adivinar el futuro.
Pero el Anticristo va a llegar, no lo dudéis,
gracias a la malicia del diablo”.

Es la estrofa cuarta de la chanson de Teobaldo I el Trovador "Dios es como el pelicano".

Hace referencia a la "Historia de los reyes de Britannia", de Geofrey de Monmouth, que en 1138 sentó las bases del mito artúrico, que tanto éxito alcanzaría en los siglos posteriores.

En ella se cuenta como el traidor Vortigern, rey de los bretones, que, aunque gobernaba aliado con los sajones desconfiaba de ellos, ordenó construir un fuerte castillo para protegerse. Pero todo lo que se levantaba por el día, se derrumbaba por la noche. Por fin, sus druidas le aconsejan que para evitarlo riegue los cimientos con la sangre de un niño que no tenga padre. Ese niño es Merlín, que cuando está ya a punto de ser ejecutado, revela a todos que el castillo se viene a tierra cada noche porque lo estaban queriendo construir sobre un lago subterráneo. Cuando excavan y ven que el niño tenía razón, éste sigue diciéndoles:

 "Vaciad el estanque y veréis en el fondo dos piedras huecas, y dentro de ellas, DOS DRAGONES durmiendo"

Entonces Vortigern y sus druidas vieron que Merlín seguía contándoles la verdad, pues una vez vaciado el estanque, se levantaron temibles los DOS DRAGONES, uno blanco y otro rojo, entablándose un feroz combate entre ambos, pues echaban abundante fuego por sus monstruosas fauces abiertas.

Así interpretó Merlín el significado de aquella lucha: el dragón rojo representaba a los bretones, y el blanco a los sajones, que, aunque de momento habían sido vencidos, no tardarían en derrotar definitivamente a los bretones.


Hablando ya concretamente de las baldosas recién restauradas de Tiebas, creo que el significado de esas parejas de dragones afrontados puede venir perfectamente de esos versos de Teobaldo I. Más aun si tenemos en cuenta que muestran a dos dragones claramente distintos, con diferencias reseñables en su expresión (uno sonriente y otro serio), su tamaño (el de la derecha siempre es más grande que el de la izquierda) y su morfología (por ejemplo, el de la derecha tiene cola de sierra y el de la izquierda no). Todas esas diferencias equivaldrían al distinto color de cada dragón de la que nos habla la profecía de Merlín.



Esta hipótesis mía abre además varias perspectivas:

1. Esos círculos de dragones encargados por Teobaldo II para su palacio de Tiebas se convertirían de este modo en un homenaje a su padre y antecesor en el trono de Navarra, Teobaldo I el Trovador. Esto no sería nada extraño en el entorno champañés del que ambos -y también- las baldosas provenían, pues ya el monje de Saint Dennis que en 1274 (las baldosas de Tiebas se datarían hacia 1260) redactó las Grandes Crónicas de Francia, dejó escrito que:

“…Pero cuando Teobaldo comprendió que ella era una dama tan importante, de tan buena e irreprochable vida, que no cabía albergar esperanza alguna, sus dulces pensamientos amorosos trocaron en gran tristeza. Y como profundos pensamientos engendran siempre melancolía, le fue aconsejado por algunos hombres sabios que compusiese hermosos sones de viola y dulces y deleitables cantos. Así lo hizo, y junto con Gace Brulé, creó las más bellas y melodiosas canciones que jamás fuesen escuchadas para ser tocadas con viola.
Y LAS HIZO ESCRIBIR SOBRE LOS MUROS DE LA GRAN SALA DE SU PALACIO DE PROVINS, Y TAMBIÉN EN LA DE SU PALACIO DE TROYES.
Y son conocidas como las canciones del rey de Navarra, pues por la muerte de su tío, había heredado aquel reino”. 

Su hijo vivía entre esos mismos muros y estaría orgulloso de la obra poética de su padre, así que nada se opone a pensar que pudo intentar repetir una decoración similar en Tiebas.

Por qué Teobaldo II escogió este tema de los dragones concretamente, podría tener que ver tanto con sus propios gustos literarios personales como con el hecho de que la fábula de los dos dragones hable precisamente de la construcción de un castillo, justo lo que él mismo estaba haciendo en Tiebas.

Además, puede también que los Dragones jugaran un papel emblemático, que hoy se nos escapa, para su dinastía. De hecho, su padre aparece en una miniatura coetánea llevando un Dragón como cimera de su yelmo.


Pero resulta que no termina ahí la relación de los Champaña con los  dragones…

Veamos la nómina de los condes-reyes: Teobaldo I “el Trovador”, Teobaldo II, Enrique I “el Gordo”, Juana I y Luis I “el Hutín”. Éste fue el último que ostentó el título privativo de conde de Champaña, pues a su muerte, su hermano Felipe el Largo, que había usurpado ya la corona de Francia a la única hija de Luis, que a la sazón llegaría a ser Juana II de Navarra en 1328, usurpó también el condado de Champaña anexionándolo definitivamente a Francia.

Luis el Hutín, cuyo periplo de siete meses por Navarra, adonde acudió en 1307 exclusivamente para coronarse, ha salido ya también numerosas veces en mis crónicas, fue por tanto la última persona en poder denominarse con toda legitimidad como rey de Navarra y conde de Champaña, y este sello suyo para la ciudad de Pamplona (se conserva otro igual para la ciudad de Tudela) lo atestigua sin duda alguna:


¿Y quiénes guardan y soportan en él las armas dimidiadas de Navarra y de Champaña? Pues ya veis que, sea por casualidad o no (y yo no creo que lo sea, porque ningún otro rey de Navarra posterior, salvo Carlos II, precisamente el hijo de Juana II, la heredera robada por su tío Felipe el Largo, y también el último que reclamó que le fuera devuelto el condado de Champaña, incluye dragones en sus sellos, aunque en su caso sean tres y no dos) el último de los Navarra-Champaña se hace acompañar en su símbolo principal de autoridad por dos dragones como los que aparecen en las baldosas de Tiebas y en la cimera de su bisabuelo poeta.

Sí, si tuviese que apostar, desde luego que lo haría yo por la certeza de que estos animales fantásticos significaron algo muy especial para los Navarra-Champaña…   


2. La clara alusión al mito del rey Arturo tampoco puede sorprender demasiado en una familia que llevaba acogiendo escritores y poetas desde muchas décadas atrás, cuando la condesa de Champaña, Maria de Francia, abuela de Teobaldo I, patrocino a Chretien deTroyes, autor del archifamoso "Cuento del Grial", otro de los hitos más destacados del tema artúrico.

En sus poemas, el rey de Navarra presume evidentemente de sus conocimientos literarios, tanto de la materia de Roma (mitología grecorromana), de la materia de Francia (Roldan, Oliveros) y de la de Bretaña (Merlín), citándolos constantemente como ejemplos morales.

Estas baldosas de Tiebas vendrían así por tanto a reforzar el testimonio que el propio Fuero General de Navarra ofrece sobre el mito del rey Arturo, pues en las cronologías que lo anteceden (datadas hacia 1185), aparece por vez primera su nombre escrito a este lado del Pirineo. Esto es lo que puede leerse en ellas: "Era D. LXXX aynos fizo la bataylla el rey Artús con Modret Equibleno..."


3. Si admitimos que este círculo de los dragones se basa en unos versos de Teobaldo I, bien podemos pensar que el resto de los motivos también podrían estarlo.

Recordemos que además de decoraciones vegetales, aparecen en Tiebas pájaros enfrentados picoteando una espiga, y también lo que parecen ser unos anillos entrelazados, que es de esperar que alguna vez puedan ser también restaurados y expuestos como su calidad y su historia merecen.



De hecho, la primera y la última estrofa del mismo poema donde aparece la historia de los dragones, "Dios es como el pelicano", nos habla de pájaros:

"Dios es como el pelicano
que hace su nido en lo más alto del árbol;
y el PÁJARO MALVADO que viene desde abajo,
mata a las pequeñas crías, el muy inmundo."

"Dios nos permita servirle y amarle,
así como a Nuestra Señora, a la que no debemos olvidar,
y nos proteja por siempre
de los PÁJAROS MALVADOS que tienen veneno en sus picos."

Wallenskold, el principal editor de las canciones de Teobaldo, dice que no es nada habitual en los troveros de la época que se asigne al diablo el simbolismo del pájaro malvado, y que, en este caso concreto, y dado que el pelícano representa indudablemente la pasión de Cristo, Teobaldo habría resultado bastante original al contraponer a Dios y al Diablo en forma de pájaro bueno y pájaro malo. Y subraya que muy probablemente el pájaro que en la Edad Media denominaban pelícano no tiene nada que ver con el que hoy conocemos por tal, sino casi seguro con un ave que quienes escuchasen la canción conocerían por formar parte de la fauna habitual de su entorno.

También en otro de sus poemas más famosos, "Tanto canta el ruiseñor", aparece de nuevo la figura de un pájaro:

"Tanto canta EL RUISEÑOR
que cae de lo más alto del árbol;
Nadie vio jamás muerte tan bella,
ni tan dulce, ni tan agradable.

En cuanto al círculo que en Tiebas muestra lo que parecen ser unos anillos entrelazados, en otro poema del rey de Navarra, "Soy como el unicornio", Teobaldo nos dice:


"Señora, cuando estuve delante de vos,
y os vi por primera vez,
mi corazón palpitó de tal manera,
que quedó a vuestro lado cuando me fui.
Yo fui entonces apresado sin posibilidad de rescate,
cautivo en la dulce prisión
en la que los pilares están hechos de deseo,
las puertas de bellas miradas,
y LOS ANILLOS de buena esperanza".

En este caso resulta evidente que Teobaldo no se refiere a anillos-joya, sino a los eslabones de una cadena, es decir, a unas anillas como las empleadas en su época para elaborar también las cotas de malla. Y de hecho el dibujo de Tiebas recuerda poderosamente la manera de tejer ese instrumento defensivo, propio de los caballeros medievales.



Y esto es todo.Sólo me queda invitaros a que vayáis al Museo de Navarra a conocer a mis ocho dragones favoritos, que no son míos, sino que queriendo homenajear a su padre trovador, fueron primero del rey Teobaldo II y que ahora son ya nuestros. De todos y de todas, porque forman parte inalienable de nuestra Historia. 

¡A disfrutarlos!



©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 29 de abril de 2017

LIBREROS

Rue des libraires, París, 29 de abril de 1404

-¡Espabila, Lucien, que el rey de Navarra está a punto de llegar!

-¿Seguro? Mira que hace dos semanas también anunció su visita, y luego estuvimos esperándole toda la mañana en vano...

-Pero eso fue porque su tío, el poderoso duque de Berry, lo invitó sorpresivamente a su palacio, ¿cómo iba a desairarlo por venir a vernos a nosotros, que somos unos simples comerciantes?

-¿Simples comerciantes? Ojo con lo que dices, Antoine, que aunque a ti te daría igual vender manzanas o paños de Ypres, yo soy un librero vocacional, y sé por tanto distinguir las joyas bibliográficas de la purria que sólo leen los descerebrados. 

-Descerebrados o no, muy poca gente sabe leer, así que pasamos vos y yo más hambre que le chien de Imén-Asà. Sobre todo desde que ese maldito conde de Foix se negó a comprarnos el libro de horas que le habíamos preparado con tanto mimo ¡En mala hora encargamos su realización a los maestros miniaturistas de Bruselas!

-Se lo encargamos a ellos porque son los mejores en su oficio. Igual que nosotros en el nuestro, que te repito que es vender joyas bibliográficas.

-Ya, pero tú me dirás qué vamos a hacer con un libro que en cada una de sus páginas tiene pintadas las armas del conde de Foix, si resulta que éste no lo quiere porque le parece demasiado caro...

-¡Burro! No es lo que vamos a hacer, sino lo que yo ya he hecho para asegurar tu fortuna y la mía. Dices bien: el problema principal son esos condenados escudos de Foix, así que hace dos semanas, cuando el rey Carlos excusó su visita, encargué a nuestro amigo Zebo da Firenze que los raspase con mucho cuidado y pintase por encima las armas de Navarra.

LOS 4 EVANGELISTAS, EN EL LIBRO DE HORAS DE CARLOS III EL NOBLE
HACIA 1404 - MAESTRO DE BRUSELAS Y ZEBO DE FIRENZE
MUSEO DE CLEVELAND (OHIO) 
-¿Hoja por hoja? ¡Nos cobrará una barbaridad!

-¡Ni una décima parte de lo que  nosotros vamos a sacarle a nuestro regjo cliente, estúpido!

-¿Pero qué seguridad tienes de que don Carlos comprará finalmente el libro?

-La que me da el conocerle y haberle vendido en otras ocasiones obras y volúmenes que fueron muy de su agrado.

-¿Cómo cuáles?


-Le gustan los armoriales, y en general cualquier libro en el que salgan escudos muy bien miniados. Ama también las historias de las materias de Bretaña y Francia, pues él mismo se tiene por descendiente del Carlomagno. En su anterior estancia en la corte le vendí por ejemplo un tratado científico muy hermoso que versaba sobre si el olifante de don Roland pudo oírse desde el Catay y el Cipango de los que habló Marco Polo, cuando el sobrino del emperador de los francos lo hizo sonar, allá en Roncesvalles. Incluso encargué a un paisano suyo, el bachiller Miguel de Zuza, que le escribiese "La Crónica de los Nueve Pares de la Fama y las Nueve Heroínas, con especial estudio de las armas de la reina amazona Hipólita", pero el muy infame cobró el adelanto que le dí, y tengo entendido que aún no ha escrito ni una letra, y va ya para tres años que le hice tan sencilla encomienda. Te digo que como me lo encuentre por ahí, le haré tragarse las obras completas de santo Tomás de Aquino...

-Precisamente el otro día lo vi yo entrando en el Colegio de Navarre. Iba en compañía de una hermosa dama de rubios cabellos.

-¿Y no les majaste las costillas?

-No me atreví, que son muy altos y muy bien parecidos los dos...

-¡Mequetrefe! Voy a pedir a su majestad que esté atento y que, si alguna vez ese bergante retorna a su país, lo haga apresar inmediatamente en la más profunda mazmorra de su castillo de Olite o de Pamplona hasta que termine el libro que nos tiene prometido. Se va a enterar ese holgazán...


-Sí,más nos vale que el buen Zebo da Firenze es mucho más trabajador. Me maravillo del trabajo que ha hecho en tan poco tiempo: ¡no se nota nada que las armas de Navarra no eran las originales!

-Eso es, y malo será que no le saquemos al rey de Navarra los dos mil florines que pienso pedirle por él.

-¡No bajes de mil seiscientos, que te conozco y sé cómo te ciegan los fastos monárquicos! Te dará uno de sus collares de hojas de castaño -que tienen menos plata que un dedal- y tú le rebajarás mil florines.

-Esta vez no hay rebaja posible, Antoine: él sabe de libros tanto como yo, y por lo tanto comprenderá perfectamente que lo que le exijo es lo justo, y que allá donde este libro se abra y consulte, por mucho tiempo que haya pasado, todos evocarán con alegría y admiración el buen gusto del rey Carlos III el Noble de Navarra. Y dime si no merece la pena pagar por tan honrosa posteridad...




©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017


sábado, 15 de abril de 2017

ENTRE JUANAS ANDA EL REINO


El escritor y periodista lesakarra Eladio Esparza, publicó en 1950 una obrita histórica titulada "Hubo Pirineos o entre Juanas anda el reino", que venía a aumentar su producción literaria, siempre supeditada a su labor como editorialista en Diario de Navarra en los años de la posguerra civil. Esta faceta suya, caracterizada por un fuerte extremismo ideológico, hizo que Julio Caro Baroja, a la hora de hablar sobre él en la estupenda biografía que dedicó a su propia familia: "Los Baroja", comentase con mucha sorna -y también con mucha razón- que muchos le conocían más bien como "Elodio esparce" por sus incendiarios y siempre sesgados artículos.


El caso es que el título de ese librito suyo me ha venido a la cabeza ahora que la portada de Santa María de Olite luce como nueva tras su restauración. Y es que todo parece indicar  que una de esas Juanas que se disputaron el reino entre finales del siglo XIII y mediados del XIV aparece -sonriente y coqueta- en una de las arquivoltas. El estilo, relacionado con una de las puertas de Notre Dame de París, y la cronología, nos llevarían a asumir esa identificación.


Y es que Juana I de Navarra, condesa palatina de Champaña y de Bría, reina de Francia al fin por su casamiento con Felipe IV el Hermoso, tiene una importancia capital en nuestra  historia. Porque no sólo fue nuestra primera reina "propietaria", sino que además su asendereada trayectoria vital hace que la podamos considerar como nuestra verdadera "Helena de Troya". Porque sí: los ejércitos de varios países fueron a la guerra por esta princesa, aunque era tan pequeña que probablemente no se enteró de cuánta gente acabó muriendo por ella.


Y eso que en origen no contaba para nada, pues no estaba llamada más que a ser otra segundona en el siempre nutrido campo de las princesas casaderas. Pero hete aquí que en 1272 su hermano y heredero al trono, el infante Teobaldico, cayó de las almenas del castillo de Estella y fue a estrellarse en el duro suelo del claustro de san Pedro de la Rúa, donde en un pequeño sepulcro muchos afirman que espera la resurrección para emprender el vuelo justo al revés de cómo lo hizo la última vez. Es otra historia, la de este príncipe volador, que siempre me ha interesado mucho.

El caso es que de este modo quedó la princesa Juana como heredera única del trono navarro, y muy pronto las naciones vecinas (las de siempre: Francia, Castilla y Aragón) comenzaron a presionar para que uno de sus príncipes se casara con la niña (tenía sólo tres  años cuando murió su padre, el rey Enrique I el Gordo en 1274).

La reina madre, Blanca de Artois, vio tan comprometida la vida y la libertad de su hija, sobre todo por la invasión que Alfonso X (sí, el de las cantigas no sólo se dedicaba a la poesía) ordenó para hacerse con la niña, que ambas tuvieron que huir de Pamplona a uña de caballo y refugiarse en la corte de su primo, el rey Felipe III el Atrevido de Francia, quien por supuesto no tardó en concertar el matrimonio de Juana con su primogénito, Felipe. La más que golosa dote fueron los territorios de Navarra y de Champaña. Eso ocurrió en 1275, y apenas un año más tarde, esa fuga tuvo como consecuencia que el ejército francés entrase también en Navarra con tal poder, que los castellanos se retiraron inmediatamente, dejando a sus aliados del burgo de la Navarrería completamente a merced de los franceses. El poeta Anelier lo contó, y muy bien además.

Es lo que se conoce como "Guerra de la Navarrería", en la que ese barrio quedó completamente arrasado, pues sus habitantes fueron asesinados prácticamente en su totalidad. También se perdieron muchos tesoros artísticos sobre los que ya sólo podemos soñar, porque el ataque principal se produjo sobre la catedral románica, donde se había refugiado la población autóctona pensando que un ejército de cristianos respetaría el sagrado recinto. Naturalmente se equivocaron y todos y todas fueron pasados a cuchillo sin el menor remordimiento. Entre esos tesoros citados que se perdieron, los más destacados fueron las estelas funerarias de cobre dorado y esmalte de Teobaldo I y de Enrique I, que la soldadesca destrozó al pensar que estaban fabricadas en oro. Entre los que milagrosamente se salvaron, y todavía podemos disfrutar, estarían la imagen titular de la propia catedral: Santa María la Real (aquella ante la que debían jurar los reyes de Navarra para llegar a serlo), que se sabe además que los canónigos sacaron en procesión frente al ejército invasor para ver si se conmovían, y también el maravilloso relicario del Santo Sepulcro, regalado pocos años antes por San Luis de Francia.

Muchas veces he imaginado yo por dónde pudieron sacar los canónigos esas dos joyas, y es una de esas crónicas irreales que siempre tengo pendiente de escribir. Ya le llegará su turno, y entonces destacaré lo mismo que quiero expresar ahora: que como tantas veces a lo largo de nuestra historia, en aquel lejano y triste año de 1276, Aragón, Francia y Castilla pusieron la fuerza, y Navarra exclusivamente los muertos. Todos los muertos. Como nunca hemos aprendido de nuestros errores, así nos ha ido, y probablemente así nos va. Precisamente por esa misma época el gran Dante Alighieri dejó escrito sobre nuestra vapuleada tierra: "Y feliz Navarra, si se protegiese con los montes que la rodean". Y desde luego yo no creo que su diagnóstico haya variado demasiado en estos siete siglos posteriores...

Pero volvamos a esa niña por la que todos se lanzaron a matar y a morir, y que como os decía acabaron casando con el heredero de la corona francesa. Este futuro Felipe IV, hoy es sobre  todo recordado por haber sido el rey que ordenó la persecución y eliminación de los Templarios, a los que acusó de sodomitas y herejes con el único fin de hacerse con sus pingües rentas económicas. La leyenda dice que como castigo a tan innoble proceder, los tres hijos de Juana y Felipe: Luis el Hutín, Felipe el Luengo y Carlos el Calvo fueron sucediéndose en el trono francés sin tener herederos legítimos,propiciando así el fin de la dinastía de los Capeto. Quedó una hermana de los tres pasaportados: Isabel, casada con Eduardo II de Inglaterra, y a través de la cual nacieron los motivos que dieron inicio a la guerra de los cien años, que arruinó Francia durante todo ese tiempo. Pero es que el último maestre del Temple, el completamente inocente Jacques de Molay, sabía desde luego como echar una maldición...

Aún así, que conste que quien debió ascender al trono francés a la muerte del último de los Capeto fue Juana II de Navarra, que naturalmente no es la misma Juana de la que estamos hablando hasta ahora. Para impedirlo, los franceses se sacaron de la manga la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres en el país vecino. Como en el nuestro eso afortunadamente no ocurría, esta segunda Juana tuvo que conformarse con el trono de Pamplona, y su hijo, el futuro Carlos II, también.

Retomando  el hilo, Juana I era muy niña como para enterarse del conflicto de la Navarrería, pero como puede que su aterrorizada madre le hablase de lo belicoso de nuestro carácter, y de ese dicho que tan exáctamente nos define, asegurando que donde haya dos navarros habrá -al menos- tres opiniones, ya asentada en el trono de París decidió abrir una institución de enseñanza en aquella hermosa ciudad, a la que naturalmente dio el nombre de "Colegio de Navarra", buscando sin duda ofrecer a sus paisanos la oportunidad de desasnarse y de resolver sus pendencias mediante el intelecto y no mediante los pedruscos de 50 kilos arrojados contra la recién redescubierta torre de la Galea, que era como acostumbraban a hacerlo habitualmente. Resulta evidente que no tuvo demasiado éxito en sus pretensiones. Tal vez si en vez de un colegio hubiese montado una taberna...

JUANA I DE NAVARRA, PROVENIENTE
SUPUESTAMENTE DEL COLEGIO DE NAVARRA 

EN PARÍS - DATADA HACIA 1310 - 82 CM.  
El caso es que en la fachada de dicho colegio hizo representar a su marido Felipe y a ella misma, llevando en las manos la "maqueta" del edificio que acababa de fundar. Desafortunadamente la construcción sufrió lo suyo durante la Revolución Francesa, y fue definitivamente demolida en 1842. Se pensaba que esas efigies de los soberanos habían desaparecido, pero al preparar una de sus estupendas conferencias sobre la restauración ya mencionada de la portada de Santa María de Olite, la profesora Clara Fernández-Ladreda cree haber encontrado la de la reina en el Bode Museum de Berlín. Sin embargo Manuel Sagastibelza fue el primero en darse cuenta, en julio de 2015, de que en el catálogo de la exposición "D'or et d'ivoire" que se celebró aquel año en el Louvre, ya aparecía esta representación de Juana I. En cualquier caso sería una noticia histórico-artística sensacional, porque se conservan muy escasos ejemplos de efigies de reyes o reinas de Navarra, fuera de las puramente funerarias.






Sin embargo, comparando la fotografía con los dibujos que el gran Gaignieres realizó en el siglo XVIII, y gracias a los cuales podemos hacernos una idea de todo el arte medieval que se perdió en Francia durante la Revolución, creo que esta talla no es la de Juana I de Navarra y Francia (al menos no la que estaba en la fachada del Colegio de Navarra), por más que como tal la tengan catalogada los alemanes. Abundando en esta impresión mía, si observamos los dibujos que quedan de la fachada del Colegio de Navarra, veremos que las dos estatuas eran de buen tamaño, cosa lógica para que pudieran ser fácilmente contempladas desde abajo, mientras que la talla redescubierta apenas mide 82 centímetros, un tamaño que, a mi juicio, la relaciona mucho más con las pequeñas y preciosas estatuillas de princesas de la dinastia de Evreux-Navarra que aún se conservan en la chapelle de Navarre de Notre Dame de Mantes, que con la fundadora del Colegio de Navarra.

DIBUJO DE GAIGNIERES DE LA ESTATUA DE JUANA I DE NAVARRA
EN LA FACHADA DEL COLEGIO DE NAVARRA EN PARÍS


COLEGIO DE NAVARRA EN PARÍS, HACIA 1750
PRINCESA EVREUX-NAVARRA
CHAPELLE DE NAVARRE
MANTES LA JOLIE
HACIA MITAD DEL SIGLO XIV
Aún así es hermoso recuperar un testimonio del pasado tan significativo como esta imagen que pasa por ser la de Juana I de Navarra, aquella mujer que quiso poner la inteligencia por delante de  la efusión de sangre, algo siempre muy complicado de llevar a cabo. Y en Navarra todavía más. Pero desde luego yo se lo agradezco igual.





© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 25 de marzo de 2017

CARPINTEREANDO

Patio de la pajarera, palacio real de Olite, 25 de marzo de 1429


-¡Ya estoy harto de este estruendo que no cesa ni de día ni de noche! En Castilla hace tiempo que todos estos pájaros estarían listos para ser asados a la parrilla. Y si no fuera por la escena que seguro me prepararía mi mujer, a fe que ya estarían todos en mi plato...

-Pero mi señor don Juan, recordad que vos sólo sois el rey consorte, y que ella es la reina propietaria, No queráis darle otro disgusto más pensando en llevar a cabo esa locura que decís.

-¿Y a vos qué os importa lo que yo haga o deje de hacer? Lo que ocurre es que sin esta plaga de alas, picos y patas, perderíais vuestro bien remunerado puesto de pajarero mayor del palacio, que os otorgó el bobo de mi hijo porque -él sí- tiene siempre la cabeza a pájaros. ¿Y total, para qué? Si aún fuesen águilas, tagormas o neblíes las aves que custodiáis en este rincón, todavía podría entenderlo. Pero de eso se ocupan gentes más capaces que vos, que no tiemblan ante la sangre, ni con la carne desgarrada por las rapaces. Recordad esta lección de política aplicada, majadero: siempre habrá halcones y palomas. Yo soy indudablemente de los primeros, y mi hijo Carlos ya voy comprobando que su madre lo está convirtiendo en representante máximo de las segundas. No le arriendo la ganancia...

-Mejor recordad vos los santos evangelios sobre los que jurasteis mejorar y no empeorar la condición de los navarros: "Mirad las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen semillas en graneros, y sin embargo nuestro Padre celestial las alimenta".

-Esa es otra, gracias por recordarmelo: ¿quién paga todo el grano que comen estas inmundas bestias? Yo, ¿no es cierto?

-No es cierto: es vuestra esposa Blanca quién lo  hace.

-Pues id entonces a pedirle vuestro finiquito, porque no quiero veros más por aquí. Y marchad tranquilo, que ya me encargaré yo personalmente de que todos estos alados gorrones  acaben en la barriga de mis guardias castellanos. Pero.... ¿qué hace este bicharraco? ¡¡¡Quitádmelo de encima!!! ¡¡¡Quitádmelo!!!

-Imposible, señor: ved que es un hermosísimo pájaro carpintero, que demasiado bien ha comprendido que vuestra cabeza está hecha del más apetecible de los alcornoques. ¡Y escuchad como resuena a hueco cada vez que os picotea en ella! Además, vos, que sois tan observante de la etiqueta, entenderéis perfectamente que no pueda hacer yo nada para evitaros el daño, pues estaréis comprobando que su plumaje es precisamente rojo, blanco y azul: los colores emblemáticos de los reyes de Navarra, y por lo tanto de mi señora doña Blanca y de mi señor el príncipe don Carlos. ¿Cómo habría yo entonces oponerme a su ataque? Llamad a esas águilas, tagormas y neblíes que decíais antes, a ver si ellas pueden con él. Mientras tanto disculparéis que yo obedezca escrupulosamente vuestra última orden y corra a refugiarme a galope tendido en mi pueblo, donde os aguardaré encantado, si acaso queréis que solucionemos nuestro problema persona. Recordad, señor: me llamo Walter, y soy de Lantz. Así que es a Walter Lantz a quien podéis enviar vuestra carta de desafío. Y una última cosa: si el príncipe me llega a contar que habéis tocado la pluma de uno solo de estos pájaros, les daré de comer vuestros ojos. Y tened en cuenta que los de Lantz no amenazamos en vano, sino que cumplimos siempre lo que nos proponemos. Preguntad si no a mi gran amigo Miel Otxin...










© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 4 de marzo de 2017

COMICS Y TEBEOS

Castillo de Tudela, 4 de marzo de 1198

-Fernando, ¿has ido ya al kiosko como te ordené?

-Hubiera ido yo de mil amores, Sancho, si hubiese sabido qué cosa es un kiosko, claro está.

-¡Qué lástima vivir en una época tan atrasada! Te digo que habrá un día en que baste con ir al kiosko para saber cómo termina nuestra historieta favorita, sin tener que esperar una eternidad, como ahora me acontece con el libro de Job, Hace ya cuatro meses que nuestro canciller publicó el libro de Esther, y en buena lógica ya tenía que haber editado el mentado libro de Job, pero pasan los días y no puedo más que releer una y mil veces lo que ya ha entregado.

-Quizás si soltases más sanchetes, don Ferrando Pérez de Funes podría contratar ayudantes para dar un impulso a su magna obra.

-¿Has dicho a su Manga obra? ¡No quiero saber yo nada de esos dibujos provenientes del Cipango!

-A ver si tu altura y tu sordera están en franca relación, hermano, porque lo que he dicho es su magna obra. Magna, repito. Y reitero también la necesidad de que aflojes tu nutrida bolsa de los dineros, porque el canciller tiene ya elaborada una lista de ayudantes que muy bien podrían convertir nuestra Biblia en la más hermosa jamás realizada, mucho más importante que todos esos Beatos tan antiguos.

-¿Y qué nombres son esos? Mira que los sanchetes no crecen en las copas de los árboles, y mucho menos desde que ordené retirar yo el árbol crucífero de mis acuñaciones. ¿Te he contado ya porque escogí la media luna y la estrella para sustituir ese enramado emblema?

-¡Por Dios, tu historia en Chipre otra vez, no!

-¡Allí te hubiese querido yo ver a ti, mequetrefe! Ricardo y yo pusimos en fuga al malvado Comneno que había raptado a nuestra hermana, y era de ver que jaculatorias y trisagiones en griego nos cantó para evitar que le cortásemos en rodajas, que es lo que se merecía...

-Vale, deja ya de irte por los cerros de Limassol y atiende a la selección de iluminadores que ha hecho don Ferrando. Por ejemplo, de Flandes ha contactado con el señor de Hergé y con el señor de Jacobs...


-Los conozco a ambos. Buenos elementos. El señor de Hergé me pidió permiso para retratarme y utilizar mi semblante para narrar las aventuras de un capitán, creo que se llamaba de Hadoque, porque dijo que mi carácter era el apropiado. ¡Y no sé por qué dijo tal cosa, truenos y rayos! El de Jacobs me presentó en Loches a dos lealísimos caballeros ingleses: el señor de Blake y el señor de Mortimer, con quienes tuve la fortuna de zurrar la badana a base de bien al conde de Tolosa. ¿Quién más quiere don Ferrando que contrate?


-Del otro lado del mar, el señor de Kirby y el señor de Foster. El primero es ya famoso por haber contado las hazañas del Capitán Bastárrica, un enmascarado famoso por emplear en sus combates sólo un escudo, y nunca una espada. El segundo te pidió permiso hace tiempo para utilizar tus historias chipriotas dibujando un Príncipe Valiente que sería sin duda tu alter ego, pero cabezota como siempre, no se lo quisiste dar.

-¡Es que me quería dibujar con unos pelos que parecía yo Crispín, el escudero zangolotino de ese Capitán Trueno que está todo el día retándome a participar en un torneo contra él. Y yo sólo quiero llevar el pelo más tan largo como los seguidores del Barón Rojo. ¿Te suena su última trova, Fernando?: "¡Barón, héroe de cuento, amo de las nubes, señor del viento...!"



-Ya veo, ya. Pero por Dios, deja de hacer como que tocas la mandolina y de mover tu pelo a diestra y a siniestra, que te tomarán por loco...


-Pues nuestro cuñado Ricardo siempre dice que el Heavy es religión...

-Si él lo dice, así será, pero volvamos a lo nuestro. ¿Pagarás a todos estos señores historietistas o no?

-¡No pienso hacerlo, que sería una gran lástima romper la unidad de estilo que va imponiendo a su obra don Ferrando! Lo que te pasa es que hace mucho tiempo que no pasas por su taller, pero la última vez que estuve yo pude contemplar muchas páginas dibujadas ya, adelantándose al plan original. Las que más me gustaron fueron la del crudelísimo desmembramiento de Santa Corona, empleando dos palmeras, que hay que ser bruto, y la de la multitud que espera que comience el Juicio Final. Y están ahí representados algunos amigos nuestros, y sin duda alguna el más guapos e inteligente. Basta simplemente con fijarse un poco...







©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

domingo, 12 de febrero de 2017

EN CAMINO

Castillo de Mont de Marsan (Gascuña), 12 de febrero de 1517

-Madre, ¿estáis segura de que os conviene permanecer en lo alto de esta torre,  a merced del helador viento de las montañas?

-¿Estás seguro de haber colocado mi silla mirando al sur, Enrique?

-Sí, justo en el mismo lugar desde donde tantas veces padre y vos misma me habéis enseñado el camino que lleva de vuelta a Navarra.

-Esa es una ruta que yo ya no podré emprender en vida, Enrique. A ti te corresponde recuperar lo que es tuyo por herencia y por derecho. Eres el príncipe de Viana, heredero de los Estados de Navarra y de Bearne. No lo olvides nunca. Naciste en Sangüesa, que es villa de las más importantes que hay en nuestro reino. Tus hermanos y hermanas nacieron también todos en él. Ellos y ellas te apoyarán para que cumplas el destino para el que naciste: Ana, Catalina, Juana, Quiteria, Buenaventura, Francisco, Carlos e Isabel. Sólo Martín, Andrés y Magdalena no podrán ayudarte. Los tres murieron. ¿Los recuerdas?

-A Andrés y Martín sí, madre. Murieron mientras intentábamos todos alcanzar el Bearne para no caer en manos del duque de Alba, el invasor enviado por Fernando de Aragón para invadir Navarra. Ni siquiera pudimos parar a enterrarlos como dos príncipes merecen, que tuvimos que seguir a uña de caballo mientras ordenábais que fuesen llevados a sepultar a Leyre, ese antiguo monasterio que tantas veces me  habéis contado que guarda los restos de los primeros reyes. A Magdalena, en cambio, no la llegué a conocer. 


© CÉSAR OROZ "¿POR QUÉ LO LLAMAN ANEXIÓN CUANDO QUIEREN DECIR CONQUISTA?"
-Era la niña más risueña que una madre haya parido nunca de sus entrañas, Enrique. Nunca la vi llorar, salvo cuando Isabel de Castilla exigió, como garantía de uno de aquellos chantajistas tratados con los que pugnaban por maniatarnos, que le fuese entregada como rehén. Las amenazas contra navarra en caso de negarnos eran tan fuertes, que tuvimos que ceder. Llevo su llanto clavado en mis oídos desde entonces, y veo la carroza en la que se alejaba de Pamplona cada vez que cierro los ojos. Nunca, a pesar de todas las veces que reclamamos que nos la devolvieran, volvimos a verla. Murió -o más bien la dejaron morir- en el castillo de la Mota. 
Ahora Isabel y Fernando están muertos también, y espero que Dios les haga pagar en el Infierno todo lo que nos hicieron. Así se lo pido yo todos los días mientras rezo. Así se lo he de volver a rogar muy pronto, en cuanto muera y esté por fin ante su presencia.

-No digáis eso, madre. ¿Qué haré yo si me faltáis también vos? No hace ni un año que murió mi padre, y sólo soy un niño...

-Pues si eres un niño, acuérdate de esos otros tres niños, tus hermanos, y también de cómo murieron. Haz acopio de fuerzas, busca aliados, los que sean, y cuando estés seguro de poder lograrlo, enfila por ese camino que lleva al sur, y haz que no haya localidad en Navarra, por pequeña que sea, que no grite "¡¡Enrique, Enrique!!", cuando vean que se aproximan nuestras banderas y estandartes. No puedo dejarte más herencia que la sangre que viene de aquellos primeros reyes que en Leyre custodian a tus hermanos. 
¿Me preguntas que qué harás? Decir a todos bien fuerte que eres el rey de Navarra, el lugar cumplido de todo bien que está al final de ese camino...


Y FUE ESCRITA ESTA HISTORIA EL DÍA 12 DE FEBRERO DE 2017, 5º CENTENARIO DE LA MUERTE DE LA REINA CATALINA I, ÚLTIMA REINA DE HECHO Y DE DERECHO DE LAS DOS NAVARRAS. 

EN MAYO DE 1521, EL SEÑOR DE ASPARROTS, EN NOMBRE DEL REY ENRIQUE II DE NAVARRA, RECUPERÓ EL REINO Y SU INDEPENDENCIA DURANTE UN MES. FUE LA ÚLTIMA VEZ. 
DURANTE LA REPRESIÓN POSTERIOR QUE LLEVARON A CABO LOS VENCEDORES DE LA BATALLA DE NOAIN, BIEN PAGADOS POR EL EMPERADOR CARLOS V, UNA DE LAS ACUSACIONES PRINCIPALES QUE SE HIZO A LOS Y LAS HABITANTES DE SANGÜESA Y DE MUCHAS OTRAS VILLAS Y LUGARES DE NAVARRA ES QUE HABÍAN SALIDO ALBOROZADOS A RECIBIR A LOS ENVIADOS DEL LEGÍTIMO REY AL GRITO DE "¡¡ENRICH, ENRICH!!"





© Mikel Zuza Viniegra, 2017