sábado, 25 de marzo de 2017

CARPINTEREANDO

Patio de la pajarera, palacio real de Olite, 25 de marzo de 1429


-¡Ya estoy harto de este estruendo que no cesa ni de día ni de noche! En Castilla hace tiempo que todos estos pájaros estarían listos para ser asados a la parrilla. Y si no fuera por la escena que seguro me prepararía mi mujer, a fe que ya estarían todos en mi plato...

-Pero mi señor don Juan, recordad que vos sólo sois el rey consorte, y que ella es la reina propietaria, No queráis darle otro disgusto más pensando en llevar a cabo esa locura que decís.

-¿Y a vos qué os importa lo que yo haga o deje de hacer? Lo que ocurre es que sin esta plaga de alas, picos y patas, perderíais vuestro bien remunerado puesto de pajarero mayor del palacio, que os otorgó el bobo de mi hijo porque -él sí- tiene siempre la cabeza a pájaros. ¿Y total, para qué? Si aún fuesen águilas, tagormas o neblíes las aves que custodiáis en este rincón, todavía podría entenderlo. Pero de eso se ocupan gentes más capaces que vos, que no tiemblan ante la sangre, ni con la carne desgarrada por las rapaces. Recordad esta lección de política aplicada, majadero: siempre habrá halcones y palomas. Yo soy indudablemente de los primeros, y mi hijo Carlos ya voy comprobando que su madre lo está convirtiendo en representante máximo de las segundas. No le arriendo la ganancia...

-Mejor recordad vos los santos evangelios sobre los que jurasteis mejorar y no empeorar la condición de los navarros: "Mirad las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen semillas en graneros, y sin embargo nuestro Padre celestial las alimenta".

-Esa es otra, gracias por recordarmelo: ¿quién paga todo el grano que comen estas inmundas bestias? Yo, ¿no es cierto?

-No es cierto: es vuestra esposa Blanca quién lo  hace.

-Pues id entonces a pedirle vuestro finiquito, porque no quiero veros más por aquí. Y marchad tranquilo, que ya me encargaré yo personalmente de que todos estos alados gorrones  acaben en la barriga de mis guardias castellanos. Pero.... ¿qué hace este bicharraco? ¡¡¡Quitádmelo de encima!!! ¡¡¡Quitádmelo!!!

-Imposible, señor: ved que es un hermosísimo pájaro carpintero, que demasiado bien ha comprendido que vuestra cabeza está hecha del más apetecible de los alcornoques. ¡Y escuchad como resuena a hueco cada vez que os picotea en ella! Además, vos, que sois tan observante de la etiqueta, entenderéis perfectamente que no pueda hacer yo nada para evitaros el daño, pues estaréis comprobando que su plumaje es precisamente rojo, blanco y azul: los colores emblemáticos de los reyes de Navarra, y por lo tanto de mi señora doña Blanca y de mi señor el príncipe don Carlos. ¿Cómo habría yo entonces oponerme a su ataque? Llamad a esas águilas, tagormas y neblíes que decíais antes, a ver si ellas pueden con él. Mientras tanto disculparéis que yo obedezca escrupulosamente vuestra última orden y corra a refugiarme a galope tendido en mi pueblo, donde os aguardaré encantado, si acaso queréis que solucionemos nuestro problema persona. Recordad, señor: me llamo Walter, y soy de Lantz. Así que es a Walter Lantz a quien podéis enviar vuestra carta de desafío. Y una última cosa: si el príncipe me llega a contar que habéis tocado la pluma de uno solo de estos pájaros, les daré de comer vuestros ojos. Y tened en cuenta que los de Lantz no amenazamos en vano, sino que cumplimos siempre lo que nos proponemos. Preguntad si no a mi gran amigo Miel Otxin...










© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 4 de marzo de 2017

COMICS Y TEBEOS

Castillo de Tudela, 4 de marzo de 1198

-Fernando, ¿has ido ya al kiosko como te ordené?

-Hubiera ido yo de mil amores, Sancho, si hubiese sabido qué cosa es un kiosko, claro está.

-¡Qué lástima vivir en una época tan atrasada! Te digo que habrá un día en que baste con ir al kiosko para saber cómo termina nuestra historieta favorita, sin tener que esperar una eternidad, como ahora me acontece con el libro de Job, Hace ya cuatro meses que nuestro canciller publicó el libro de Esther, y en buena lógica ya tenía que haber editado el mentado libro de Job, pero pasan los días y no puedo más que releer una y mil veces lo que ya ha entregado.

-Quizás si soltases más sanchetes, don Ferrando Pérez de Funes podría contratar ayudantes para dar un impulso a su magna obra.

-¿Has dicho a su Manga obra? ¡No quiero saber yo nada de esos dibujos provenientes del Cipango!

-A ver si tu altura y tu sordera están en franca relación, hermano, porque lo que he dicho es su magna obra. Magna, repito. Y reitero también la necesidad de que aflojes tu nutrida bolsa de los dineros, porque el canciller tiene ya elaborada una lista de ayudantes que muy bien podrían convertir nuestra Biblia en la más hermosa jamás realizada, mucho más importante que todos esos Beatos tan antiguos.

-¿Y qué nombres son esos? Mira que los sanchetes no crecen en las copas de los árboles, y mucho menos desde que ordené retirar yo el árbol crucífero de mis acuñaciones. ¿Te he contado ya porque escogí la media luna y la estrella para sustituir ese enramado emblema?

-¡Por Dios, tu historia en Chipre otra vez, no!

-¡Allí te hubiese querido yo ver a ti, mequetrefe! Ricardo y yo pusimos en fuga al malvado Comneno que había raptado a nuestra hermana, y era de ver que jaculatorias y trisagiones en griego nos cantó para evitar que le cortásemos en rodajas, que es lo que se merecía...

-Vale, deja ya de irte por los cerros de Limassol y atiende a la selección de iluminadores que ha hecho don Ferrando. Por ejemplo, de Flandes ha contactado con el señor de Hergé y con el señor de Jacobs...


-Los conozco a ambos. Buenos elementos. El señor de Hergé me pidió permiso para retratarme y utilizar mi semblante para narrar las aventuras de un capitán, creo que se llamaba de Hadoque, porque dijo que mi carácter era el apropiado. ¡Y no sé por qué dijo tal cosa, truenos y rayos! El de Jacobs me presentó en Loches a dos lealísimos caballeros ingleses: el señor de Blake y el señor de Mortimer, con quienes tuve la fortuna de zurrar la badana a base de bien al conde de Tolosa. ¿Quién más quiere don Ferrando que contrate?


-Del otro lado del mar, el señor de Kirby y el señor de Foster. El primero es ya famoso por haber contado las hazañas del Capitán Bastárrica, un enmascarado famoso por emplear en sus combates sólo un escudo, y nunca una espada. El segundo te pidió permiso hace tiempo para utilizar tus historias chipriotas dibujando un Príncipe Valiente que sería sin duda tu alter ego, pero cabezota como siempre, no se lo quisiste dar.

-¡Es que me quería dibujar con unos pelos que parecía yo Crispín, el escudero zangolotino de ese Capitán Trueno que está todo el día retándome a participar en un torneo contra él. Y yo sólo quiero llevar el pelo más tan largo como los seguidores del Barón Rojo. ¿Te suena su última trova, Fernando?: "¡Barón, héroe de cuento, amo de las nubes, señor del viento...!"



-Ya veo, ya. Pero por Dios, deja de hacer como que tocas la mandolina y de mover tu pelo a diestra y a siniestra, que te tomarán por loco...


-Pues nuestro cuñado Ricardo siempre dice que el Heavy es religión...

-Si él lo dice, así será, pero volvamos a lo nuestro. ¿Pagarás a todos estos señores historietistas o no?

-¡No pienso hacerlo, que sería una gran lástima romper la unidad de estilo que va imponiendo a su obra don Ferrando! Lo que te pasa es que hace mucho tiempo que no pasas por su taller, pero la última vez que estuve yo pude contemplar muchas páginas dibujadas ya, adelantándose al plan original. Las que más me gustaron fueron la del crudelísimo desmembramiento de Santa Corona, empleando dos palmeras, que hay que ser bruto, y la de la multitud que espera que comience el Juicio Final. Y están ahí representados algunos amigos nuestros, y sin duda alguna el más guapos e inteligente. Basta simplemente con fijarse un poco...







©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

domingo, 12 de febrero de 2017

EN CAMINO

Castillo de Mont de Marsan (Gascuña), 12 de febrero de 1517

-Madre, ¿estáis segura de que os conviene permanecer en lo alto de esta torre,  a merced del helador viento de las montañas?

-¿Estás seguro de haber colocado mi silla mirando al sur, Enrique?

-Sí, justo en el mismo lugar desde donde tantas veces padre y vos misma me habéis enseñado el camino que lleva de vuelta a Navarra.

-Esa es una ruta que yo ya no podré emprender en vida, Enrique. A ti te corresponde recuperar lo que es tuyo por herencia y por derecho. Eres el príncipe de Viana, heredero de los Estados de Navarra y de Bearne. No lo olvides nunca. Naciste en Sangüesa, que es villa de las más importantes que hay en nuestro reino. Tus hermanos y hermanas nacieron también todos en él. Ellos y ellas te apoyarán para que cumplas el destino para el que naciste: Ana, Catalina, Juana, Quiteria, Buenaventura, Francisco, Carlos e Isabel. Sólo Martín, Andrés y Magdalena no podrán ayudarte. Los tres murieron. ¿Los recuerdas?

-A Andrés y Martín sí, madre. Murieron mientras intentábamos todos alcanzar el Bearne para no caer en manos del duque de Alba, el invasor enviado por Fernando de Aragón para invadir Navarra. Ni siquiera pudimos parar a enterrarlos como dos príncipes merecen, que tuvimos que seguir a uña de caballo mientras ordenábais que fuesen llevados a sepultar a Leyre, ese antiguo monasterio que tantas veces me  habéis contado que guarda los restos de los primeros reyes. A Magdalena, en cambio, no la llegué a conocer. 


© CÉSAR OROZ "¿POR QUÉ LO LLAMAN ANEXIÓN CUANDO QUIEREN DECIR CONQUISTA?"
-Era la niña más risueña que una madre haya parido nunca de sus entrañas, Enrique. Nunca la vi llorar, salvo cuando Isabel de Castilla exigió, como garantía de uno de aquellos chantajistas tratados con los que pugnaban por maniatarnos, que le fuese entregada como rehén. Las amenazas contra navarra en caso de negarnos eran tan fuertes, que tuvimos que ceder. Llevo su llanto clavado en mis oídos desde entonces, y veo la carroza en la que se alejaba de Pamplona cada vez que cierro los ojos. Nunca, a pesar de todas las veces que reclamamos que nos la devolvieran, volvimos a verla. Murió -o más bien la dejaron morir- en el castillo de la Mota. 
Ahora Isabel y Fernando están muertos también, y espero que Dios les haga pagar en el Infierno todo lo que nos hicieron. Así se lo pido yo todos los días mientras rezo. Así se lo he de volver a rogar muy pronto, en cuanto muera y esté por fin ante su presencia.

-No digáis eso, madre. ¿Qué haré yo si me faltáis también vos? No hace ni un año que murió mi padre, y sólo soy un niño...

-Pues si eres un niño, acuérdate de esos otros tres niños, tus hermanos, y también de cómo murieron. Haz acopio de fuerzas, busca aliados, los que sean, y cuando estés seguro de poder lograrlo, enfila por ese camino que lleva al sur, y haz que no haya localidad en Navarra, por pequeña que sea, que no grite "¡¡Enrique, Enrique!!", cuando vean que se aproximan nuestras banderas y estandartes. No puedo dejarte más herencia que la sangre que viene de aquellos primeros reyes que en Leyre custodian a tus hermanos. 
¿Me preguntas que qué harás? Decir a todos bien fuerte que eres el rey de Navarra, el lugar cumplido de todo bien que está al final de ese camino...


Y FUE ESCRITA ESTA HISTORIA EL DÍA 12 DE FEBRERO DE 2017, 5º CENTENARIO DE LA MUERTE DE LA REINA CATALINA I, ÚLTIMA REINA DE HECHO Y DE DERECHO DE LAS DOS NAVARRAS. 

EN MAYO DE 1521, EL SEÑOR DE ASPARROTS, EN NOMBRE DEL REY ENRIQUE II DE NAVARRA, RECUPERÓ EL REINO Y SU INDEPENDENCIA DURANTE UN MES. FUE LA ÚLTIMA VEZ. 
DURANTE LA REPRESIÓN POSTERIOR QUE LLEVARON A CABO LOS VENCEDORES DE LA BATALLA DE NOAIN, BIEN PAGADOS POR EL EMPERADOR CARLOS V, UNA DE LAS ACUSACIONES PRINCIPALES QUE SE HIZO A LOS Y LAS HABITANTES DE SANGÜESA Y DE MUCHAS OTRAS VILLAS Y LUGARES DE NAVARRA ES QUE HABÍAN SALIDO ALBOROZADOS A RECIBIR A LOS ENVIADOS DEL LEGÍTIMO REY AL GRITO DE "¡¡ENRICH, ENRICH!!"





© Mikel Zuza Viniegra, 2017

miércoles, 25 de enero de 2017

UNA NUEVA ESPERANZA


Ayer, alarmado ante la noticia de que el desquiciado proyecto urbanístico que supone levantar torres de hasta 17 alturas en el solar que dejará Salesianos seguía para adelante, escribí una crónica que era tanto un grito de socorro como un mensaje dentro de una botella arrojada al siempre agreste e ignoto mar de la burocracia administrativa.

El hecho es que no podía yo creer que el nuevo Ayuntamiento diera su visto bueno a semejante locura, porque de ninguna otra manera puede llamarse a lo que cualquiera que sienta un poco esta ciudad ve inmediatamente: esas torres supondrían la modificación criminal y perpetua del horizonte más conocido, pintado y fotografiado de Pamplona/Iruña.

Es evidente que hay gente a la que todo esto se la trae al pairo, y que no cambiarían diez mil paisajes por un sólo cubo de hormigón. Pero yo no escribo para ellos, sino para quienes aún guarden dentro de sí un mínimo de preocupación por no alterar gravemente el entorno del que disfrutan. Y si lo disfrutan es gracias a que otros antes que ellos  lo cuidaron para que pudiese llegar hasta nosotros. Lo cierto es que no concibo más que un mandamiento urbanístico: no perder el tiempo -ni el dinero- en arreglar lo que no está estropeado.

Y he de decir, vista la información sobre la rueda de prensa que sobre este asunto han dado hoy el alcalde Joseba Asirón y el concejal Joxe Abaurrea, que afortunadamente el Ayuntamiento del cambio no está de acuerdo con el proyecto de Salesianos tal y cómo lo dejó -pésimamente, comme d'habitude- planteado UPN, y sobre todo con que esas torres de Mordor se recorten contra el cielo furiosamente azul que, los días de verano, puede contemplar todo aquel que suba desde Burlada, pasee por la Magdalena o simplemente se detenga embobado a disfrutar desde cualquier rincón prácticamente de la misma panorámica que dejaron dibujada los diletantes viajeros dieciochescos. Y júzguese si eso es o no es un privilegio, cuando los adoradores del cemento no paran de llenarlo todo en derredor con sus feísimas ocurrencias.



Os pego el enlace a dicha rueda de prensa, porque ellos evidentemente se explican mucho mejor que yo, y también para que veais que nunca, jamás, conviene perder la esperanza. Jugaba yo ayer en mi crónica a hacer analogías con "La Guerra de las Galaxias", y veo que, casualmente, en la nueva numeración de la saga, la que los de mi generación tuvimos por primera parte es ahora considerada la cuarta, y que su título es "Una nueva esperanza".


Y eso justamente es lo que tengo yo: la esperanza de que las cosas no vuelvan nunca en Pamplona a hacerse como antes, cuando los árboles se talaban a las 4 de la madrugada, los mosáicos se tiraban, las termas romanas no tenían ningún interés, las tumbas orientadas hacia la Meca valían menos que los Renault Clío, y las murallas enormes que quizás sirvieron para proteger al Burgo de la Población, sólo servirían ahora para apagar el cigarro de quienes dejen su coche en el aparcamiento de la Plaza del Castillo.


Enlace a la rueda de prensa: 

PAMPLONA RECHAZA EL PLAN DE SALESIANOS Y PIDE REPLANTEARLO

Todo está ahora en manos del Gobierno de Navarra, que afortunadamente es también un nuevo Gobierno de Navarra. El anterior Gobierno, comandado por un UPN en minoría, fue quien comenzó todo este desaguisado utilizando la artera trampa legal del Plan de incidencia supramunicipal (PSIS), y para vergüenza nuestra, el Ayuntamiento de Pamplona, comandado por la voz de su ama, dejó que le arrebataran sus competencias para meter 55.000 metros construidos en una parcela que, por su ubicación y dimensiones sólo permitía 35.000 metros cuadrados. Y evidentemente esa es también la explicación a las torres de hasta 17 alturas, porque la única manera de hacerlo es mediante la construcción de torres donde quepan muchos pisos, cuanto más altas, mejor (mejor, no sé para quién, porque para Pamplona es meridianamente claro que no). Así que espero que el actual Gobierno de Navarra esté a la altura -nunca mejor dicho- y modifique el proyecto para que lo que se construya en esa parcela no supere las alturas medias del Ensanche, que es lo que se debió hacer desde un principio, si al frente de este proyecto hubiese habido gente que ama a la ciudad donde vive y no sólo se preocupa por su cuenta corriente.

Y no quiero terminar esta nueva crónica sin agradecer a Joseba Asirón que haya comentado lo siguiente a mi alegato de ayer: "Nadie dirá que este fue el alcalde que propició semejante desastre. Como mucho, dirán que este es el alcalde por encima del cual tuvieron que pasar para hacerlo".

Sé que todas las comparaciones son odiosas, y que ayer empleé un ejemplo concreto del emperador Carlos I, aunque me temo que ni a Joseba ni a mí es un personaje que nos atraiga lo más mínimo. Así que hoy (mucho más tranquilo que ayer) recordaré a otro rey con cuya actuación creo que estaremos los dos bastante más de acuerdo...


Pues resulta que, en 1475, en mitad de las luchas por la posesión de la corona castellana, la batalla crucial iba a darse en la localidad extremeña de Alcantara, famosa por su maravilloso puente romano. Ante la posibilidad de que los portugueses lo emplearan para cruzar por él, Fernando "el Católico" (qué raro), ordenó volarlo. Enterado el rey portugués, Alfonso V, envío un mensajero al campamento de Fernando para decirle que no se preocupase, que su ejército daría un rodeo para no pasar por el puente, "pues no quería el reino de Castilla si, para lograrlo, debía destruirse tan impresionante edificio". 

© MIKEL ZUZA, 2017






martes, 24 de enero de 2017

PANORAMA PARA MATAR


El pasado fin de semana el Diario de Noticias publicaba un artículo encabezado por los siguientes titulares:

El plan de Salesianos saldrá adelante si la subasta de suelo cubre el coste del traslado

El Gobierno no pagará a la congregación si no se cuadra la operación cifrada en 50 millones

El Ayuntamiento dará licencia a nueve torres de hasta 17 alturas

TORRES DE 17 ALTURAS SOBRE LA MEDIALUNA

De los tres, el que más me preocupa y me apena es el tercero. Tanto, que ha conseguido lo que hasta ahora no había logrado nada ni nadie en este blog mío: que alabe yo a Carlos I España y V de Alemanía, un personaje por el que no siento simpatía alguna, como sabe cualquiera que me haya leído alguna vez.

Si teníais la edad justa cuando se estrenó la Guerra de las Galaxias, seguro que también cualquier cosa que suene a Imperio o a Emperador os repelerá profundamente. Si al crecer leísteis además lo que quien nació en un retrete de Gante (actual Bélgica) cometió en Navarra, aún lo comprenderéis mejor. Pero lo cortés no quita lo valiente, como descubriréis -si tenéis paciencia- al final de esta indignada crónica mía.

Y digo indignada porque, en mi ingenuidad, pensaba que esa locura de las torres de 17 alturas sobre el talud de la Medialuna era un proyecto del anterior equipo de gobierno del Ayuntamiento pamplonés (ellos sí, toda una auténtica "Estrella de la Muerte" para el buen gusto, la historia y el arte de esta ciudad) que afortunadamente había quedado atrás. Y ahora me desayuno con que el actual equipo de Gobierno dará la correspondiente licencia para semejante desatino. Y de verdad que no me lo puedo creer.

EL HORROR MÁS ABSOLUTO QUE NOS AGUARDA

No entiendo la jerga legal que el artículo contiene. No sé si esto tiene o no tiene vuelta atrás. Me temo que no, que no la tiene. Al parecer las parcelas de Salesianos saldrán a subasta pública por 50 millones de euros, y si constructores, especuladores y demás adoradores del hormigón las compran, esas horrendas torres se alzarán sobre -y destruirán para siempre- el horizonte pamplonés.

Dicen que harán 400 viviendas para mangantes (perdón, se me han trastabillado las letras, quería decir magnates. Bueno, igual en esta ocasión sí que quería decir lo que he dicho). De esos que apuesto desde ahora mismo que presumirán ante sus amistades de poder ver los toros -el paisaje nunca suele importarles- desde su balcón, con la neverica portátil bien llena de vino y jamón. ¡Ysis'hundelmundoques'hunda!

Y esto, en una ciudad donde se calcula que hay unos 20.000 pisos vacíos. Poderoso caballero es don dinero...

Para aparentar, también dicen que habrá un Civivox. Magra ganancia es esa, indudablemente, para el destrozo irremediable y perpetuo que cometerán contra el paisaje histórico de Pamplona. ¡Ya está el canso contra cualquier cosa que signifique progreso! Pues sí: ya está el canso, pero no contra lo que algunos sacamantecas consideran progreso (cemento, hormigón y Calatravismo papanático y estúpido), sino contra lo que hace temblar sólo viéndolo sobre plano.

Y es que nada tendría yo que oponer a que estas torres se construyesen en Lezkairu, Ripagaña o donde quiera que pasen tan desapercibidas como el resto de las cúbicas o paralelepipédicas colmenas humanas donde todos vivimos. Pero donde están proyectadas, ominosamente dominantes sobre una de las panorámicas más bellas de Pamplona -que gracias a barrabases anteriores ya tiene demasiado de lo que arrepentirse, urbanísticamente hablando- lo que me sale de dentro es poner el grito en ese mismo cielo que ellos van a llenar de cubos de sopicaldo grises y neosoviéticos.

Ser bruto no me hace desde luego compartir la fe en el Brutalismo, el único mandamiento y/o estilo ¿artístico? que parece emanar de la Facultad de Arquitectura que -desdichadísimamente, en mi opinión- padecemos en Pamplona. ¿Quieren hacer sus boñigas acerokortianas? Pues háganlo en buena hora en lugares donde no se carguen algo bello, por favor.

Y no me estoy refiriendo al colegio de los Salesianos, que es igual de feo que todo lo que los hijos de San Juan Bosco acostumbraban a edificar (los jesuitas también sentían predilección por la fealdad más absoluta, lo que viendo la cara de su fundador no ofrece sorpresa ninguna). No, yo sólo estoy hablando, lo reitero, de esa skyline (si no utilizas términos ingleses no eres nadie, lo sé) dominada por la catedral, que es lo primero que se ve cuando se llega desde el norte, y que pasará a segundo plano para que las torres de Mordor sean las que te horroricen primero desde cualquier punto cardinal.

Al que le guste semejante perspectiva que se la quede, lo que es yo se la regalo encantado. Tendremos lo mismo que cualquier otra ciudad, y perderemos lo que no tenía ninguna salvo Pamplona: esa panorámica concreta. He dicho que odio los imperios. También odio la uniformidad. Detesto que todo sea igual, y que si te dejan en medio de una plaza "mineral", no sepas si estás en Pamplona, en Logroño o en Cochabamba, porque todas son iguales las unas a las otras.

Os pongo imágenes de los proyectos presentados. No diré nada sobre ellos, más allá de apuntar cuál es el ganador. Además, si dijera lo que realmente pienso probablemente me cerrarían el blog.

En cuanto a los Salesianos, que son los que han dado inicio a este disparate, sólo les recordaré una frase de su fundador:

"Nuestra misión principal será enseñar a todos los jóvenes del mundo la fealdad del pecado y la belleza de la virtud".

Pues eso, a ver si le hacen caso.

Gaztelu Jerez Arquitectos

Aguinaga y Asociados

Gaztelu Jerez

OM ARQ

OFS Architects

Rubio Bilbao
Larraz  Arquitectos
PROYECTO GANADOR
Larraz Arquitectos
PROYECTO GANADOR
Larraz Arquitectos
PROYECTO GANADOR


Y naturalmente que tales proyectos pueden pareceros maravillosos. Sólo que entonces no os consideraré soldados libres de la República, sino esclavos borreguiles del Imperio. Aunque tratándose de arquitectura y paisaje en Pamplona, "Jedi" no se pronuncie nunca "Jedái", sino "Jodí": Jodí la Plaza del Castillo, Jodí la Biblioteca de Navarra en el Centro, Jodí la Ciudadela levantando el Catafalco de Lenin, Jodí Aranzadi, Jodí el Ensanche dejando levantar horribles emplastos como el que actualmente se termina en la avda de Roncesvalles. Habría tantos ejemplos de Jodí... Darth Barcious sabe bastante de esto. Bueno, ella sin duda lo  llamaría progreso...

Y seré ingenuo, pero me niego a pensar que gente que sé que verdaderamente siente la ciudad como el concejal Cabasés o el alcalde Asirón quieran pasar a la historia engrosando la lista de los Jodí. Y no de una manera cualquiera, si no de una que no se podrá ocultar jamás, porque será lo primero que salte a la vista en cuanto alguien mire hacia esta chiquita y apañada capital.

-Oye, ¿y qué pasa con el emperador Carlos V?

-Ah, sí. Pues resulta que en 1523 el obispo de Córdoba, un imbécil llamado Alonso Manrique, decidió abatir unas setenta columnas de la mezquita para insertar una iglesia de cuarenta y tres metros por quince. El municipio y el cabildo se opusieron a semejante locura, pero el mastuerzo recurrió al emperador, que no había estado nunca en la ciudad, y que acabó dando su regio permiso para la destrucción de la integridad del templo de los Omeya. La Junta del Ayuntamiento había declarado: "lo que se quiere deshacer no podrá ser reemplazado por nada que alcance semejante perfección". El ¿arquitecto? encargado del crimen fue Hernán Ruiz, que optó por un lamentable estilo plateresco que se daba de puñetazos con el entorno.


Cuando la salvajada culminó, unos años después, el emperador Carlos llegó a la ciudad y fue invitado a contemplar el resultado. Abatido, dijo a los canónigos: "Si hubiera sabido lo que teníais intención de hacer, de cierto que no os hubiera dado mi permiso, porque lo que aquí habéis hecho se puede hallar en cualquier sitio, mientras que lo que teníais antes no existe en parte alguna del mundo".

© JJ KING



Tristemente, este desahogo mío podría ser también un complemente para este otro texto que escribí hace unos meses:


© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017




jueves, 5 de enero de 2017

NADA DE MALO

Palacio Real de Pamplona, 5 de enero de 1387

-¿Pero cómo vamos a disfrazarnos estando el rey de cuerpo presente? ¿Aún no se ha enfriado su cuerpo en la caja y ya estáis pensando en hacer el ganso? ¿No comprendéis que nos mandarán ahorcar por no mostrar respeto?

-Respeto en grado máximo es precisamente lo que mostraremos, que esta fue la última voluntad de don Carlos. Y en este documento quedó sellada con su propio anillo. Nadie podrá por tanto echarnos nada en cara, ni siquiera el propio príncipe Carlos cuando llegue desde Valladolid.

-Pues yo no las tengo todas conmigo, que sólo somos tres, y la guardia personal del rey era -y es- muy quisquillosa. Y el rey sólo hace cuatro días que murió... Dejadme ver ese papel... Sí, no hay duda, aquí lo pone bien claro:

"Yo, Charles, por la gracia de Dios, Rey de Navarra y conde de Evreux. A los que esta carta vieren u oyeren, ordeno y mando que se cumpla mi deseo. Y este es que sean agasajados mis hijos, Leonel, que tuve de Catalina de Lizaso, que ahora tiene diez años; y Johana, que tuve de Catalina de Esparza, que cuenta con nueve, por haber sido el único consuelo y alegría, junto con los proporcionados por mi hijo legítimo y heredero el buen príncipe Carlos, que he tenido en mi vejez. Y se hará de tal modo, dadas las fechas que son, justo como yo les había prometido, y será que tres hombres justos et cuerdos vestirán ropas lujosas et se pintarán el rostro con oleos y aceites para remedar ser los Reyes que de Oriente vinieron a adorar a Nuestro Señor. Et sepan todos que, de poder incorporarme del lecho, haré yo el papel de rey Melchor, que mucha devoción tengo por él, et si non pudiera yo incorporarme, o la muerte me llevase antes consigo, sea mi canciller Pedro de Zabalza -que gusta mucho siempre de hacer monerías- quien lo haga. Et sean entonces los otros dos reyes los caballeros Alberto de Elizalde -que es pelirrojo y sabio, como Gaspar- y Miguel de Zuazu -que es elocuente, retórico y moreno de piel, como Baltasar-. Y habrán de ir los tres juntos a la alcoba del palacio donde residen Leonel y Johana, y habrán de entregarles como regalo a cada uno una espada de madera muy bien labrada y una muñeca muy bien cosida. Entendiéndose que ambos recibirán tanto la espada como la muñeca, que muy partidario soy de educar en igualdad a hombres y mujeres. Además tienen los regalos hondo significado, pues la espada es para que ambos sepan lo que ha costado a su padre defender Navarra;  y la muñeca para que tengan muy presente lo que sufrió nuestro pueblo en todas las guerras que emprendí por mi loca cabeza. Et si todo esto no se hiciere tal y como así lo he dispuesto, no descanse mi corazón hasta vengarme del odiado rey de Francia primero, y de los tres supradictos caballeros después. 
Obedézcase y cúmplase."


-Pues sí, no cabe duda de que don Carlos lo dejó muy claramente establecido. Y buena cosa será hacerle caso, no sólo por no tener su tembible corazón latiendo sobre nuestras cabezas durante siglos, si no porque esos pobres mocetes estarán aterrados en su habitación, con todo este ruido de campanas atronando a muerto por toda la ciudad, y sobre todo con la tristeza de haber quedado huérfanos de padre tan distinguido.

-En eso tenéis razón, que mucha alegría les dará saber que su último mandamiento lo dictó pensando en ellos. Pero aún así me niego a dar un paso si no incluimos también a los huérfanos del cercano Hospital de San Miguel en este embrollo de los regalos no sexistas e igualitarios.

-¿Y de dónde sacaremos los carlines necesarios para tanto chaval? Porque las arcas reales están completamente vacías...

-¡Zabalza lo pagará todo, como siempre!



Et dicen que mucho se alegraron Johana, Leonel y todos los muetes del Hospital de San Miguel  por recibir tales regalos, que este cronista espera y desea que no sean nada comparados con los que tod@s l@s lector@s de mi Blog reciban esta noche. 
Y sed buen@s, al menos tanto como el rey don Carlos II de Navarra.




© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017


viernes, 30 de diciembre de 2016

VOLVERÁ

Sintetizando muchísimo, el Sebastianismo podría definirse como un movimiento mítico-político surgido en Portugal en 1578 tras la derrota y muerte del rey don Sebastiao en la ciudad marroquí de Alcazarquivir.


Muerte supuesta, eso sí, porque nadie en el campo de batalla vio como ocurrió, o más bien nadie quiso admitir luego haberlo visto, pues de haberlo hecho, hubiera  supuesto para los nobles lusos una vergüenza intolerable, ya que habrían dejado morir a su rey mientras ellos escapaban. Así pues fue forjándose la leyenda de que en realidad el monarca no había muerto, sino que había podido escapar a una isla ignota de la que un día regresaría para convertir a Portugal en el imperio más importante de la Historia.

El mito no paró de crecer en el siglo siguiente, durante la dominación española, pero una vez recuperada la independencia tampoco perdió vigencia, de tal forma que tras cada crisis política la figura de don Sebastiao -conocido desde ese momento como "el encubierto" o "el deseado", aquél que solucionaría todos los problemas del país- volvía a cabalgar sobre la imaginación y el orgullo patriótico de muchos portugueses, hasta convertirse en una de las creaciones políticas más originales de la nación vecina.


De hecho, el sebastianista más famoso fue el genial e incomparable escritor Fernando Pessoa, ya en pleno siglo XX, y todavía hoy sigue habiendo círculos fieles ao rei que voltará numa manhâ de nevoeiro... (al rey que volverá en una mañana de niebla...), que se reunen en el puerto de Lisboa para ver aparecer, entre la bruma, las velas desplegadas de la nao que traerá por fin a su monarca de vuelta. Será oportuno añadir, no obstante, que en esas reuniones el vinho verde juega un importantísimo papel...    

No hará falta decir que, en un sentido estrictamente actual y puramente materialista, el Sebastianismo no sería más que la urgencia que un pueblo necesitado tiene siempre de hallar un héroe mítico que se ocupe de todos los problemas y le saque las castañas del fuego, depositando en él toda la confianza y el trabajo que en realidad debería llevar a cabo la propia sociedad afectada.

Tampoco hará falta decir que, por supuesto, esta triste y aburrida visión del asunto es la que menos me llama la atención a mí, porque el mito sebastianista me ha interesado desde que tuve conocimiento de que algo así pudiera existir. Aunque en realidad ya lo conocía de antes, porque si sois tan lectores y mitómanos como yo, la historia de don Sebastiao de Portugal tiene que sonaros de algo.

O más bien de alguien que se supone -bueno, que supongan otros, yo lo admito sin reservas- reinó en Inglaterra allá por el siglo VI, y que pacificó el alborotado país de los sajones con la ayuda de caballeros tan famosos como sir Lancelot, sir Galahad, sir Gawayn y el resto de los componentes de la Tabla Redonda. Efectivamente: a Arturo Pendragon me estoy refiriendo. Un rey sobre cuya legitimidad para ostentar la corona podríamos discutir mucho, muchísimo tiempo. Pero como los Monty Pithon ya dieron la mejor explicación posible, no os aburriré con otra versión:


El rey Arturo, en uno de los tapices tejidos
por Nicolas Bataille a fines del siglo XIV
Y si -evidentemente- el vinho verde ha jugado un papel trascendente a lo largo de los siglos para el mantenimiento del Sebastianismo, no puede negarse la importancia de la ginebra para el del mito Artúrico. De la reina Ginebra, concretamente, que todos los autores dicen que era sabia y hermosa, mucho más que su marido y mucho más que Lancelot, que anduvieron a la greña por ella durante siglos.

Bueno, en realidad los tres deben seguir dirimiendo sus diferencias amorosas, allá, en la isla de Avalon, donde, al igual que don Sebastiao en su isla, y the bonnie prince Charlie en su palazzo de Roma, esperan una mañana brumosa para regresar a Gran Bretaña y arreglar todos sus problemas de una vez.

El príncipe Carlos Estuardo,
rey legítimo de Escocia e Inglaterra
Y como uno de esos problemas -a mi juicio el principal, exceptuando quizás que tengan allí el pésimo gusto de beber la cerveza a temperatura ambiente- es el dominio y la rapiña inglesa sobre Escocia, por supuesto que al norte del muro de Adriano existe también un movimiento del mismo tenor político que los anteriores: el Estuardianismo, que básicamente se ocupa de mantener viva la llama y la memoria de los auténticos y legítimos reyes de Escocia, Gales e Inglaterra. Y esto lo hacen desde 1748, cuando el buen príncipe Charlie fue derrotado por el inglés duque de Cumberland (apodado muy justamente como "el carnicero") en la batalla de Culloden, que marcó -de momento, porque yo no desespero- el fin de las intentonas de los Stewart (la dinastía, no Rod, aunque quién sabe...) por recuperar la corona de sus antepasados. Afortunadamente Charlie pudo huir y, cruzando el mar, refugiarse en Francia primero, y luego en Roma.

El caso es que, como digo, desde entonces grupos y sociedades de partidarios de los Estuardo se reúnen secretamente en Edimburgo, Inverness, Falkirk, Skye, y en muchos otros lugares de Escocia para brindar con un vaso de estupendo scotch whisky "for the king over the water" ("por el rey que está  sobre el agua, sobre el mar"), rememorando de esta forma los crueles tiempos en que sólo de esta manera concreta podía recordarse al legitimo rey, pues hacerlo de manera más visible suponía la condena a muerte a manos de los invasores ingleses.

Para reconocerse entre ellos, dicho brindis se hacía siempre chocando las copas sobre un vaso lleno de agua, significando lo que ya he dicho: que la reunión se hacía en honor del legítimo rey que -de momento- está sobre las aguas, más allá del mar. Con el fin de documentarme para mi novela "Causa perdida", confieso que hice yo varias veces este alegre brindis, pero más allá de un violento calamocheo en la cabeza al día siguiente, no tengo constancia de que los Estuardo hayan retornado a todavía a Escocia. Aunque, of course, no desespero...

Y como de costumbre en el transcurso de mis averiguaciones, os estaréis ya preguntando... ¿pero qué puñetas tiene todo esto que ver con Navarra? Pues que ya imaginaréis que, en un asunto en el que ya vais viendo que el alcohol ha jugado siempre un papel de relevancia, es evidente que nosotros no podíamos quedarnos atrás. Nada de eso, porque no es que fuésemos a rebufo de estos grandes monarcas, sino que uno de los nuestros fue el precursor. Y no se quedó en isla imaginaria alguna, como los encubiertos Sebastiao o Charlie, qué va, sino que regresó de la muerte para arreglarlo todo, que era lo que se esperaba al fin y al cabo de él.

Al rey Alfonso I el Batallador me estoy refiriendo, el conquistador de Zaragoza en 1118 y de la muchísimo más importante y hermosa ciudad de Tudela en 1119. Fue este monarca tan aventajado guerrero que según las crónicas coetáneas, venció en veintinueve batallas contra los sarracenos. La que iba a hacer la treinta, en 1134, ante las murallas de Fraga, se convirtió sin embargo en su más sonora derrota. De tal calibre que según los mismos autores, del fuerte disgusto -en alguien tan acostumbrado a la victoria como él- murió a los pocos días en la aldea de Poleniño.

Y aquí, como de costumbre en estos casos, empieza el jaleo, porque como le ocurriría siglos más tarde a don Sebastiao, tampoco ningún noble se atrevió a reconocer la vergüenza de haber dejado solo a su rey en el campo de batalla, y por tanto nadie admitió haberlo visto morir, ni en Fraga,ni en Poleniño. Por si fuera poco, Alfonso no es sólo que no tuviese hijos a los que transmitir la corona de Pamplona y Aragón, sino que además en un testamento un tanto disparatado, legó todos sus dominios primero a Dios, y después a las Ordenes Militares del Temple, del Hospital, y de San Juan de Jerusalén:

         En nombre del bien más grande e incomparable que es Dios. Yo Alfonso, rey de Aragón y de Pamplona [...] pensando en mi suerte y reflexionando que la naturaleza hace mortales a todos los hombres, me propuse, mientras tuviera vida y salud, distribuir el reino que Dios me concedió y mis posesiones y rentas de la manera más conveniente para después de mi existencia. Por consiguiente temiendo el juicio divino, para la salvación de mi alma y también la de mi padre y mi madre y la de todos mis familiares, hago testamento a Dios, a Nuestro Señor Jesucristo y a todos sus santos. Y con buen ánimo y espontánea voluntad ofrezco a Dios, a la Virgen María de Pamplona y a San Salvador de Leyre, el castillo de Estella con toda la villa [...], dono a Santa María de Nájera y a San Millán [...], dono también a San Jaime de Galicia [...], dono también a San Juan de la Peña [...] y también para después de mi muerte dejó como heredero y sucesor mío al Sepulcro del Señor que está en Jerusalén [...] todo esto lo hago para la salvación del alma de mi padre y de mi madre y la remisión de todos mis pecados y para merecer un lugar en la vida eterna...

Como era de esperar, ni en Pamplona ni en Aragón se aceptaron tan descabalados deseos, y los reinos que habían estado unidos los últimos cincuenta años acabaron separándose definitivamente, iniciándose una lógica época de inestabilidad política que en Pamplona solucionaron escogiendo como rey a García Rámirez, mientras que en Aragón se inclinaban por el hermano del rey -supuestamente- fallecido: Ramiro II el Monje. A éste le dio tiempo de engendrar una heredera, Petronila, que acabó casándose con Ramón Berenguer, conde de Barcelona, teniendo ambos un hijo que comenzó a reinar con el nombre de Alfonso II el año 1164. Esto es, treinta años después de la -supuesta- muerte de su tío-abuelo Alfonso I el Batallador.

La crisis política no cesaba en Aragón. Y en ese contexto (de hecho ya vemos que el mito surge siempre en ese contexto) es cuando apareció de repente un anciano (recordemos que -supuestamente- había muerto con 61 años) afirmando que él era Alfonso el Batallador, y que avergonzado por la derrota de Fraga había abandonado Aragón y se había trasladado a Jerusalén, donde había estado luchando los últimos treinta años en las Cruzadas, y que ahora retornaba para reclamar su reino. Veamos como lo cuenta el rey Alfonso X el Sabio de Castilla en su Primera Crónica General:


Ahora sabéis también el final que tuvo el pobre viejo. Ya veis que cuando el mito se hace carne -cosa que aún no ha ocurrido en los casos de don Sebastiao, Arturo o Charlie- el más directamente afectado (Alfonso II en este caso) no tarda en quitárselo de en medio. Esa prisa por eliminar a su rival es lo que, a nueve siglos de distancia, más nos hace dudar sobre si no sería aquel personaje, al que muchos reconocieron como el auténtico Alfonso I, quien realmente decía ser. Es verdad que habían pasado muchos años ya, y que sólo los que en 1134 fueran muy jóvenes podrían haber reconocido a quien, con 91 años, se les presentaba defendiendo que era el rey que conocieron siendo tan niños. Pero el hecho es que se conservan unas cartas de Alfonso II dirigidas al rey de Francia Luis VII, en las que confirma esta alucinante historia a través de una lapidaria sentencia: "si el falso Alfonso pasa a vuestro reino, no dudéis en ajusticiarlo cuanto antes". 

Lo dicho: demasiadas prisas si sólo se trataba de un mero impostor. Y el caso es que no fue sólo gente del pueblo la que dio credibilidad al retorno del rey legítimo, pues se conservan dos poemas de Bertran de Born, uno de los trovadores más famosos de su tiempo, y que a nuestros efectos actuaba como una especie de revista del corazón de la época, acusando claramente a Alfonso II de haber eliminado a su antecesor. Justo es también reconocer que Bertran odiaba al rey aragonés porque sus tropas, en alianza con las inglesas, habían sitiado su castillo en 1183, fecha en la que se supone que escribió, quizás para animar a Sancho VI el Sabio de Navarra a un contraataque:

"El buen rey García Rámirez de Pamplona hubiera recuperado, de haber vivido lo suficiente, el reino de Aragón que le robó el rey Ramiro el Monje. Pero ahora el buen rey de Navarra [Sancho VI] lo recobrará fácilmente, ayudado por sus valientes alaveses. Puesto que así como vale mil veces más el oro que el azur, vale mil veces más y es más honrosa su progenie que la del falso rey. Lo siento por la esposa del aragonés, la buena reina Sancha, pero si ella me lo consintiese, le hablaría de los malos y villanos hechos de su marido, que llegó a dar muerte y a hacer traición a aquél mismo de quien salió su linaje..." 

Y en 1187 Bertran de Born remachó:

"Los aragoneses, los catalanes y los de Urgell se duelen en gran manera, pues no tienen quien les mande, sino un señor flaco, alto, que se alaba a sí mismo cantando [Alfonso II era conocido como "el trovador" y también como "el casto", siendo ambas categorías de casi imposible coexistencia en la misma persona, a juzgar por lo mucho que ha leído sobre los trovadores el autor de este blog], y prefiere el dinero al honor, pues ahorcó a su antecesor, por lo que él mismo se destruye y se condena..."

Las alusiones al redivivo Alfonso I no pueden ser más claras y, como imaginaréis, yo prefiero creer a un trovador como Bertran de Born que a un rey malvado que ordenó matar a su antecesor para quedarse con la herencia que no le pertenecía. Que tuviera o no razón no importa ya demasiado. Ni a mí ni a nadie, después de tantos siglos. Pero sí que me gusta reconocer que nos adelantamos por estos pagos a muchos alocados y lunáticos del mundo entero que simplemente tenían la esperanza de recuperar una Edad de Oro de buen gobierno -que por supuesto nunca existió- que les librase de su desdichada existencia. Y creo que la esperanza es el más humano de los sentimientos. Así que sí, probablemente yo hubiera creído, de haber vivido en aquella época, que aquel anciano era realmente el rey don Alfonso I el Batallador. En cualquier caso, y si queréis saber un poco más, el estupendo historiador Antonio Ubieto Arteta, que tantas veces ha salido ya en mis crónicas, se ocupó de este asunto en un artículo escrito para la revista Argensola, que es donde yo lo descubrí hace ya muchos años.

Pero no podría yo finalizar esta historia sin confesar algo que cualquiera que me haya leído alguna vez tendrá meridianamente claro. Y es que declaro que creo fervientemente en otro rey que lleva oculto desde 1461, y que hubiera  sido sin duda el mejor que Navarra o cualquier otro reino del mundo hubiese podido tener. Y también confieso que, algunas mañanas de nevoeiro, acudo a la ronda de Descalzos o a la de la Barbazana (los dos únicos lugares que merecerían ser nuestro puerto, si Pamplona tuviese mar y éste anegase súbitamente la Rotxapea y la Txantrea, barrio este último que es además lugar muy propicio para escuchar el canto de las más hermosas sirenas), y espero allí durante horas a ver llegar la nao en la que desde Barcelona, Mallorca o Nápoles, arribará por fin un día su majestad Carlos IV para traernos el buen gobierno, desde hace tantos siglos perdido en estas tierras. Debe ser lo que los médicos y los historiadores diagnostican como un caso agudo e incurable de Vianismo militante e irreductible, qué le voy a hacer.

Y como esta crónica será sin duda la última de este año, sólo me queda desearos un feliz año 2017, y desde luego que celebréis su llegada brindando, sobre un vaso lleno de agua, por el rey que esta más allá del mar...



© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016